Quien convive con dolor articular acostumbra a utilizar dos palabras prácticamente como sinónimos: artritis y reuma. En consulta, escucho frases como “me duele el reuma” o “tengo artritis en todo el cuerpo”. La confusión es entendible, porque los síntomas se mezclan y por el hecho de que las enfermedades reumáticas engloban un espectro extenso que afecta articulaciones, ligamentos, huesos, músculos y órganos internos. Aun así, distinguir bien los términos evita diagnósticos tardíos, tratamientos inapropiados y frustraciones eludibles.
El punto de partida es sencillo. Artritis significa inflamación de una o varias articulaciones, con calor local, enrojecimiento, hinchazón y dolor que empeora en reposo y mejora con el movimiento. Reuma es un término popular, no médico, que alude vagamente a dolores del aparato locomotor, de forma especial los problemas reumáticos usuales en la edad adulta. Cuando alguien pregunta qué es el reuma, la respuesta franca es que no es una enfermedad concreta, sino un paraguas cultural para referirse a molestias musculoesqueléticas. Bajo ese paraguas conviven nosologías muy distintas, desde la artrosis hasta la artritis reumatoide, pasando por la lumbalgia mecánica, la gota, la fibromialgia o las espondiloartritis. Y cada una tiene reglas propias.
Inflamación frente a desgaste: por qué importan los matices
Inflamación y degeneración no son lo mismo. En la artritis, el sistema inmunitario desencadena una catarata inflamatoria que altera el revestimiento sinovial de la articulación. Esa sinovitis puede aparecer en brotes, acompañarse de fiebre baja, cansancio desproporcionado y rigidez matinal que dura más de treinta o 40 minutos. Un caso tradicional es la artritis reumatoide, que acostumbra a iniciar en manos y pies, de forma simétrica, y se hace notar al despertar con dedos “entumecidos” que recobran movilidad con el paso de la mañana.
La artrosis, en cambio, representa un proceso degenerativo del cartílago y del hueso subyacente. Duele al uso, mejora con el reposo, y la rigidez matinal existe pero dura poco, frecuentemente menos de diez o 15 minutos. Aparece “crujido” o crepitación articular, y con los años se forman osteofitos, los llamados “picos de loro” en las radiografías. Muchos pacientes la identifican como reuma, lo que perpetúa la vaguedad. No hay inflamación sistémica sostenida, aunque puede haber capítulos de sinovitis reactiva, esas semanas en que la rodilla semeja “caliente” por sobrecarga.

Diferenciar ambos perfiles determina el tratamiento. En la artritis inflamatoria, los medicamentos modificadores de la enfermedad son decisivos para frenar el daño estructural. En la artrosis, la estrategia pivota sobre ejercicio terapéutico, manejo del peso, medidas analgésicas, educación postural y, en casos seleccionados, infiltraciones o cirugía.
Lo que cuenta el cuerpo: síntomas que orientan
La cronología ayuda. Un paciente que describe dolor nocturno que lo despierta, rigidez matinal prolongada, manos hinchadas con anillos que no entran y cansancio que no se explica por el ritmo de vida, debería levantar la sospecha de artritis inflamatoria. Si además nota agravamiento tras periodos de reposo y alivio cuando “calienta” la articulación, la balanza se inclina cara el componente inmunológico.
Por contraste, si el dolor aparece al final del día, tras subir escaleras, o al caminar distancia, y cede al sentarse, pensamos primero en artrosis u otras causas mecánicas. Un dato humilde, mas útil: en artrosis de rodilla, bajar pendientes suele doler más que subirlas, por la carga excéntrica. En artritis, el dolor puede ser más “global”, con sensación de cuerpo “agarrotado”.
En la columna también hay pistas. La lumbalgia inflamatoria propia de ciertas espondiloartritis comienza ya antes de los cuarenta años, se prolonga más de tres meses, mejora con el ejercicio y empeora en reposo o de madrugada. Muchos pacientes cuentan que se levantan a caminar de noche por el hecho de que quedarse quietos agrava el dolor. La lumbalgia mecánica, en cambio, suele aparecer tras esfuerzos, cede con reposo, y raras veces despierta en la segunda mitad de la noche.
¿Qué engloba realmente “reuma”?
Hablar de reuma sin matices confunde esperanzas. Bajo la etiqueta de enfermedades reumáticas se reúnen más de 200 entidades. Ciertas son inflamatorias autoinmunes, otras degenerantes o por depósito cristalino, otras se expresan sobre todo como dolor crónico sin daño estructural.
Cito situaciones de consulta que ayudan a aterrizar conceptos. Un hombre de sesenta años con “ataques” de dolor intenso en la base del primer dedo del pie, dedo rojo, tenso, al mínimo roce, con ácido úrico elevado: gota. Una mujer de cuarenta y ocho años con dolor difuso, sueño no reparador y puntos dolorosos a la presión, analíticas normales: fibromialgia, un trastorno del procesamiento del dolor que muchos llaman reuma por su cronicidad, si bien no inflama ni destroza articulaciones. Un joven de veintiocho con lumbalgia que despierta de madrugada, alternancia de dolor en glúteos, y soriasis de larga evolución: sospecha de espondiloartritis psoriásica.
Poner nombre concreto a los problemas reumáticos cambia la conversación. Deja charlar de pronóstico, de terapias dirigidas, de esperanzas realistas, y sobre todo de tiempos. En artritis reumatoide, por ejemplo, existe una ventana de ocasión de tres a seis meses desde el principio de los síntomas, en la que intentar forma intensiva reduce de forma marcada la probabilidad de daño irreversible.
El examen clínico y las pruebas que marcan la diferencia
El cuerpo tiene un lenguaje que el examen físico traduce. Palpar una articulación revela si está caliente, boggy, con derrame; si el dolor es más bien a la presión o al movimiento; si hay inestabilidad, deformidades en dedos o desviaciones características. En la consulta, me fijo en detalles que no aparecen en análisis: uñas con hoyuelos en un paciente con dolor de manos sugiere psoriásica, sequedad ocular y de boca en una mujer con artralgias apunta a síndrome de Sjögren.
Las pruebas complementan, no reemplazan. En artritis inflamatorias, los reactantes de fase aguda, como VSG y PCR, acostumbran a estar elevados, si bien no siempre y en todo momento. El factor reumatoide y los anticuerpos anti-CCP orientan en artritis reumatoide, con anti-CCP más específicos. En espondiloartritis, el HLA-B27 aporta contexto, sin ser diagnóstico por sí solo. En gota, el ácido úrico alto ayuda, pero la confirmación tradicional prosigue siendo ver cristales de urato en el líquido sinovial bajo microscopio. Cuando hay dudas, la ecografía articular ve la sinovitis en tiempo real, detecta desgastes tempranas y depósitos cristalinos, y la resonancia puede enseñar edema óseo antes de que la radiografía delate daño.
En artrosis, la analítica suele ser normal. La radiografía muestra estrechamiento del espacio articular, osteofitos, esclerosis subcondral y quistes. La imagen hay que interpretarla con el paciente presente, pues he visto radiografías “terribles” en gente con dolor mínimo, y placas “modestas” en personas con restricción notable. El síntoma manda, y el plan se amolda.
Tratamientos que no son lo mismo
Pocos errores duelen tanto como tratar una artritis con solo analgésicos. El calmante mejora días sueltos, mas la inflamación prosigue activa, y el cartílago paga la factura. En nosología inflamatoria, los fármacos modificadores de la enfermedad cambian el curso. Metotrexato prosigue siendo columna vertebral en artritis reumatoide, con combinación de leflunomida, sulfasalazina o hidroxicloroquina en perfiles específicos. Cuando la contestación no alcanza objetivos, los biológicos o pequeñas moléculas dirigidas entran en escena: anti-TNF, anti-IL-seis, anti-IL-diecisiete, anti-IL-23, anti-CD20, inhibidores JAK. La selección se fundamenta en comorbilidades, planes reproductivos, infecciones previas y preferencias, y requiere seguimiento estrecho.
La artrosis solicita otra partitura. Ninguna pastilla regenera cartílago de forma consistente. Hay calmantes útiles y periodos con AINEs si no hay contraindicaciones, pero el núcleo es no farmacológico. El músculo que rodea la articulación es el mejor calmante. Un plan de ejercicio progresivo, 2 a 4 días a la semana, que combine fortalecimiento, movilidad y trabajo aeróbico moderado, reduce el dolor en porcentajes clínicamente relevantes. Perder un cinco a diez por ciento de peso corporal reuma alivia rodillas y caderas con impacto directo en la marcha. Las plantillas y rodilleras asisten en subgrupos, como el genu varo con divido interno más perjudicado. Las infiltraciones de corticoide alivian brotes concretos; el ácido hialurónico sirve en perfiles seleccionados, con mejoras modestas; el plasma rico en plaquetas mantiene debate con resultados heterogéneos. La cirugía, cuando llega el instante, no es un descalabro, es una herramienta más: prótesis bien indicadas devuelven vida.
En gota, el pilar es bajar el ácido úrico con alopurinol o febuxostat y sostenerlo por debajo de 6 mg/dl, o cinco si hay tofos visibles. Al inicio es conveniente colchicina a baja dosis para eludir brotes por movilización de depósitos. Quitar el marisco no resuelve por sí mismo cuando la producción endógena es la causa primordial, si bien ajustar alcohol y bebidas azucaradas ayuda.
La fibromialgia demanda cambiar el marco mental. No es una artritis encubierta, no destroza articulaciones, mas duele de forma real. La patentiza favorece guías estructuradas de ejercicio, educación sobre dolor, terapia cognitivo conductual, sueño reparador, y moduladores neurológicos en casos escogidos. El exceso de pruebas o de antinflamatorios, aquí, añade carga y poca ganancia.
Historias que enseñan
Recuerdo a Carmen, cincuenta y dos años, costurera, que llegó diciendo “vengo por el reuma de las manos”. Llevaba 6 meses con dedos hinchados, rigidez larga al despertar y cansancio que la tumbaba a media tarde. La radiografía era normal, la analítica mostró anti-CCP positivo y PCR elevada. Comenzamos metotrexato y pautas de ejercicio suave de manos. A los tres meses, ya cosía sin parar cada dos horas para estirar, al sexto mes estaba en remisión. Llamarlo reuma le restaba emergencia a su problema. Llamarlo artritis le abrió puerta a un tratamiento a tiempo.

Otro caso, José, sesenta y siete años, paseante obstinado, rodillas que crujían desde hacía años, dolor que aparecía al subir escaleras y se iba al sentarse. Traía la etiqueta de “artritis” en la historia. Al explorarlo y repasar radiografías, la fotografía era de artrosis. Ajustamos peso, le diseñamos un programa de fortalecimiento del cuádriceps y glúteo medio, plantillas por varo leve y educación de marcha. Reservamos AINEs para fases de carga. A los 4 meses, redujo dolor a la mitad y prolongó sus paseos. Le aclaré que aquello no era reuma que “se cura con corticoides”, sino más bien desgaste que se administra.
Las etiquetas importan, por el hecho de que guían resoluciones al día.
Señales de alarma y fallos frecuentes
Hay signos que no es conveniente pasar por alto. La artritis que aparece después de una infección intestinal o genital puede ser reactiva y precisar manejo concreto. Dolor de hombros y caderas con rigidez intensa en mayores de 50, al lado de VSG elevada, sugiere polimialgia reumática; si se acompaña de dolor de cabeza nuevo o alteración visual, meditar inmediatamente en arteritis de células gigantes, una emergencia para preservar la vista. Hinchazón de una sola articulación, roja y caliente, que aparece de golpe, obliga a descartar infección articular con artrocentesis, sin demoras.
Entre los errores más habituales está normalizar el dolor crónico como “cosas de la edad”. La edad influye, mas no justifica la resignación. Asimismo es frecuente encadenar AINEs diferentes sin un plan claro, o retirar un fármaco modificador de la enfermedad por el hecho de que el paciente “se siente bien”, sin comprender que esa sensación de bienestar se debe exactamente a que el medicamento está controlando el proceso.

Porqué acudir a un reumatólogo
Pedir cita no es una formalidad, es una inversión de tiempo y salud. Un reumatólogo integra clínica, imagen y laboratorio para distinguir entre inflamación, degeneración, dolor central, depósito de cristales o combinaciones de estos. Además de esto, valora comorbilidades que condicionan el plan: debilidad ósea, riesgo cardiovascular, función nefrítico, deseo de embarazo, infecciones latentes. La consulta ordena prioridades: qué tratar primero, de qué manera medir contestación, cuándo intensificar o desescalar.
El tiempo también cuenta. Atender la pregunta de qué es el reuma con un “son achaques” deja a muchos pacientes fuera de esa ventana de ocasión terapéutica. Una valoración temprana evita daño y discapacidades innecesarias. Y cuando el diagnóstico es artrosis u otro inconveniente mecánico, un plan no farmacológico bien diseñado cambia la trayectoria del dolor de forma tangible.
Estilo de vida que suma, sin promesas exageradas
Ni dietas milagrosas ni suplementos universales. Lo que sí funciona, de forma consistente, es un conjunto de hábitos razonables. Priorizar sueño, pues la privación amplifica la percepción del dolor. Desplazar el cuerpo casi cada día, con rutinas adaptadas a la fase de la enfermedad y a la persona, no al revés. Cuidar el peso, no por estética, sino más bien por biomecánica. Robustecer grandes grupos musculares, agregar movilidad de cadera y tobillo para descargar la rodilla, practicar ejercicios de mano con bandas suaves cuando hay afectación en dedos. Estas medidas no curan una artritis inmunológica, mas mejoran la capacidad funcional y fortalecen el efecto de los medicamentos. Tampoco revierten artrosis avanzada, si bien frenan la pendiente descendente y alargan el tiempo hasta una prótesis.
Respecto a la nutrición, reducir bebidas azucaradas y alcohol, ajustar purinas si hay gota, y apostar por patrones tipo mediterráneo resulta sensato. Los suplementos, como glucosamina o condroitín sulfato, muestran efectos modestos y variables; si un paciente percibe alivio y no hay interactúes ni costos prohibitivos, puede probarse con evaluación periódica de utilidad.
Palabras claras para resoluciones mejores
Quien llega diciendo “tengo reuma” busca alivio, mas asimismo contestaciones. La mejor forma de asistir es traducir el término al diagnóstico preciso. Artritis describe inflamación articular y suele requerir fármacos que alteren el curso de la enfermedad, aparte de fisioterapia y hábitos que suman. Artrosis describe desgaste y precisa movimiento planificado, ajustes de carga, educación y, en ocasiones, intervenciones específicas. Otros problemas reumáticos se mueven en territorios intermedios o diferentes, como la gota o la fibromialgia, y tienen su guion.
En síntesis práctica, si hay rigidez matinal prolongada, hinchazón visible, dolor que mejora al moverse y empeora con el reposo, fatiga desmedida problemas de reuma o respeto nocturno del sueño no por alivio sino más bien por dolor, es conveniente preguntar pronto. Si el dolor es mecánico, de esfuerzo, y cede al reposo, asimismo merece evaluación, si bien el enfoque será diferente.
La medicina no se hace con etiquetas populares, sino más bien con diagnósticos específicos y planes ajustados. Llamar a las cosas por su nombre no es una cuestión semántica, es el paso inicial para vivir con menos dolor, más función y mejores decisiones. Y ese camino, en el caso de duda, empieza en la puerta del reumatólogo.